TRAS LAS HUELLAS DE HELIOGÁBALO - PARTE 2 DE 6

16.07.2020

Y tras el Coliseo, una visita obligada de todo viajero a Roma ha de ser sin duda el Foro Romano y el Monte Palatino. Y fue allí donde nos dirigimos inmediatamente, justo enfrente y tan solo separados por el impresionante Arco de Tito.

Visitamos el corazón de la Roma Antigua, el corazón de un imperio. Y lo que a priori puede parecer un conglomerado de ruinas sin sentido, a poco que te asomas a la historia del lugar, te das cuenta de la grandeza de lo que estás viendo y no cuesta demasiado sumergirte en todos los acontecimientos históricos allí vividos. El gran Arco de Septimio Severo nos da la bienvenida, y es cuando giro mi mirada al edificio que debió albergar la sede del senado, ¡lo que hubiera dado por entrar en él! pero eso no pudo ser posible.

Junto a la majestuosidad de los templos, patios y basílicas, fijé mi mirada de forma instintiva a los restos de un templo que me llamó la atención, era el templo de Vesta y si la historia no me había engañado, justo detrás debería estar la casa de las vestales, y así era.

Una pequeña inscripción te da la bienvenida a la casa donde la guardianas del fuego de Vesta, pasaban sus días de castidad. De nuevo mis ojos se llenan de lágrimas de emoción al imaginar que estaba cruzando la misma puerta que Heliogábalo había cruzado en busca de una esposa. La casa de las vestales es un lugar donde la reina la tranquilidad, que inspira la espiritualidad de las vírgenes que allí habitaban, un enorme patio a modo de remanso de paz, franqueado por las estatuas de las vestales, nos hace evocar la vida en aquella casa.

Seguimos caminando hacía el monte Palatino, donde nos encontramos con los escasos restos del templo de Apolo, no muy lejos debería estar el templo levantado por Heliogábalo para venerar a su dios El Gabal, pero eso solo habría de imaginarlo.

Como también habría de imaginarme la grandeza del Palacio Imperial. Apenas unos pocos muros en pie, y restos del lujoso suelo, dejan volar la imaginación hacia el lugar donde Heliogábalo pasó los últimos años de su vida como Emperador. ¡Si aquellos muros pudieran hablarme!

Aquel fue un día de mucho calor, de horas paseando por la historia, sin agua y sin comida. Ojalá alguien nos hubiera aconsejado que hubiéramos llevado víveres, ya que en todo el recinto es imposible comprar nada, pero no lo hicimos.

Pero Heliogábalo, aún nos había deparado una última sorpresa para el final de la visita. Las Termas de Heliogábalo, descubiertas hace no hace mucho tiempo. Un pequeño e intimo lugar, que seguramente se hizo construir para poder disfrutarlas con sus invitados, con sus amantes, alejados de las miradas indiscretas de las grandes termas populares de su primo Caracalla.

Pero una vez más Heliogábalo, nos muestra solo pedazos de su historia, y lo demás habremos de imaginarlo. 

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